JÓVENES CIUDADANOS: Hombre y Sociedad

Para cerrar cada módulo del programa Jóvenes Ciudadanos, los participantes realizan un ensayo sobre alguna de las sesiones. Hoy compartimos el de Fabiana Jiménez sobre Hombre y Sociedad, uno de los mejores ensayos del tema.

Indudablemente, un país se mide por su pueblo. Se trata simplemente de una afirmación comprobable mediante la medición de sinfines de sucesos históricos acaecidos a lo largo de los años a nivel Internacional. Claro está, puede parecer extraño no hacer una mención especial a los liderazgos políticos a la hora de ejercer un juicio de tal magnitud, sin embargo, al analizar a profundidad el planteamiento, no podría ser más sencillo entender la razón de dicha omisión: los
liderazgos políticos son determinados por el pueblo. Es decir, incluso al poseer un liderazgo político tiránico conviene analizar las razones por las cuales dicho personaje en cierto punto logró hacerse con el Poder contenido en el Estado.


Es entonces que resulta de capital importancia destacar este papel decisivo ejercido por la población civil. He aquí que surge una terminología contemplada en las bases de todo pensamiento político como el “Tejido social” de una Nación. Entendemos pues, que se trata de un elemento fundamental capaz de garantizar la gobernabilidad y el bienestar de los habitantes de una entidad y se determina mediante la medición del grado de pertenencia, solidaridad y cohesión existentes
en la sociedad civil. Se trata, en términos generales, de un factor indispensable contenido en la ciudadanía y que se verá reflejado en el desenvolvimiento de la cotidianidad de un país.


Por su parte, la contextualización del caso venezolano se enmarca en la imperiosa necesidad de reconstruir ese tejido social que hoy es prácticamente dado por perdido a causa de una serie de factores que oscilan en la desesperanza, la servidumbre voluntaria y la anti política. Para atacar el problema de raíz, es imprescindible encaminarse hacia un proceso de reconstrucción de la memoria histórica de la sociedad civil venezolana. La razón de ello es muy sencilla: el pensamiento político venezolano se construye desde los cimientos independentistas generando un fenómeno conocido como el esquema del caudillo donde, en términos generales, la ciudadanía venezolana concibe como requisito fundamental, la existencia de un apego sentimental con un líder político para considerarlo como idóneo y, a pesar de las desgracias que ha supuesto este esquema a lo largo de toda la historia venezolana, pareciera estar más intacto que nunca. Por tal motivo, es menester comprender que la ciudadanía solo podrá ser reconstruida mediante un arduo proceso educativo para la sociedad civil.


Claro está, lo anterior solo resultará en la medida en que los jóvenes ciudadanos comprendan la importancia que recae en el papel que juegan en el país, independientemente del ámbito pues un país no se limita a civiles y políticos. En contraste con lo anterior, conviene hacer un llamado de conciencia a toda la ciudadanía joven pues de cada uno de ellos depende, en mayor medida, la reconstrucción del tejido social. En síntesis, es válido afirmar que se trata ni más ni menos de la generación de relevo en el país.


Ahora bien, es prudente señalar que el presente análisis no pretende, bajo ningún concepto, alimentar el paradigma que profesa una total responsabilidad sobre los hombros de la juventud venezolana. En cambio, se busca concientizar respecto a la responsabilidad individual de cada ciudadano a la hora de medir la responsabilidad colectiva porque como se expresa en el postulado inicial, sin pueblo, el país está sumido en la desesperanza y a total merced de la tiranía y demagogia de aquellos que ansían abusar del Poder contenido en el Estado. Por tal motivo es que se expresa como principal, una reconstrucción del tejido social basada en la educación y concientización dirigida a toda la población civil.


Recordemos pues, que el actual escenario civil venezolano se encuentra tan descompuesto que el índice de deserción estudiantil se encuentra entre los más elevados del continente. Es decir, nos estamos quedando poco a poco sin capital humano y, si eso no fuese suficiente, el capital humano reducido con el que contamos actualmente se encuentra sumido en tal nivel de desesperanza que cualquier tema relacionado mínimamente con el espectro político genera, inmediatamente un rotundo rechazo lo cual, basándonos en el principio del animal político corresponde a una contradicción antropológica capaz de dar una idea acerca del actual nivel de descomposición social.


Con bases en todo lo anteriormente expuesto, la conclusión que impera es aquella que comprende el papel que juega la ciudadanía partiendo de lo individual hacia lo colectivo dentro del Estado venezolano pues es de ella que depende el rumbo que tomará el país en los años venideros. He aquí que la tarea recae en cada uno de nosotros.