Liderazgo y Seguirazgo: una relación retroalimentada

Liderazgo y seguirazgo: quinta sesión de la IV Cohorte de Jóvenes Ciudadanos presentada por Ramón Piñango, sociólogo y profesor del IESA.

Piñango es sociólogo de la Universidad Católica Andrés Bello, cuenta con un PhD en educación por parte de Harvard, un Master of Arts en sociología de la Universidad de Chicago, es profesor permanente del IESA y ha tenido diferentes cargos de nombre en esa institución, entre ellas director académico, investigador, miembro del consejo y director de la revista Debate.

En la clase, empezó por definir qué era el liderazgo, quién es un líder, quién pone a valer un grupo y qué era un líder. Concluyó con que es una persona que, en determinadas circunstancias, asume un papel de influencia en la conducta de un colectivo. Hizo hincapié en que los seguidores son tan importantes como el líder ya que no existe uno sin otro; mientras unas personas ejercen el papel de dirección en influencia dentro el grupo, los seguidores también influyen en el líder.

El sociólogo también nombró qué actitudes son indispensables en un líder: debe querer serlo, tiene que estar en la capacidad para poner a valer el grupo y estar dispuesto a asumir los riesgos del liderazgo. Hace mucho énfasis en que un líder debe arriesgar para poder lograr sus metas y la de sus seguidores. “El líder no utiliza la responsabilidad como excusa para no arriesgar”, declaró Piñango.

Pero… ¿quién pone a valer un grupo?

Quien desarrolla la capacidad de la masa para aprender e innovar y, en este proceso de liderazgo, es de vital importancia que el líder contribuya a mejorar el desempeño de todos y los entusiasme para alcanzar objetivos.

Ante la diatriba de si los líderes nacen o se hacen, el profesor dice que los líderes se hacen, se deshacen y se vuelven a rehacer; pone el ejemplo de Winston Churchill, el primer ministro inglés en el periodo de la segunda guerra mundial. Mientras el Reino Unido se encontraba en crisis, los conservadores eligieron a Churchill para que los liderara en la guerra y él, con todos los errores que cometió en el pasado, supo reinventarse como líder y ganarse el respeto del mundo.

En palabras muy coloquiales, Piñango dice que el líder es “una persona de pinga”, “que sabe su vaina” y que “le echa bolas”; pero a la vez establece que, para ser líder, hay que ser considerado justo, compartir los valores con el grupo, mostrar dedicación al grupo.

El investigador establece que sin la confianza no es posible el liderazgo y esta se construye mediante la coherencia (entre lo que se dice y lo que se hace) y la consistencia, es decir, la permanencia de la coherencia en el tiempo. Además, también estableció las conductas positivas del líder, entre ellas podemos encontrar la reflexión, el análisis, la creatividad, la empatía y la inspiración.

Como ejemplo de liderazgo, el doctor habló de Carlos Luis Revete alias “El Coqui”, porque coordina, crea alianzas, tiene la capacidad de mantenerse firme, analiza el entorno, imparte dirección, protección, orden y, además, es coherente y consistente con sus acciones y lo que profesa.

Piñango hace entender al público que este tipo de situaciones suceden porque el liderazgo no es necesariamente virtuoso, puede existir para el mal y, mientras más efectivo sea el liderazgo, mayor será el daño que sufra el colectivo. El caso de Adolf Hitler es otro ejemplo claro de liderazgo que nace por un vacío en la gente de un líder.

El profesor terminó la clase explicando cómo la prueba definitiva de un líder es cómo se comporta su grupo cuando éste ya no está y con el mensaje de que el líder debe aprender a liderar en todo tipo de contexto, incluyendo los difíciles como los que estamos viviendo actualmente. “Yo quiero que tú lideres bien aquí y ahora, y que seas efectivo”.