JÓVENES CIUDADANOS: Orden + Libertad: pilares para el fortalecimiento de la economía venezolana

Para cerrar cada módulo del programa Jóvenes Ciudadanos, los participantes realizan un ensayo sobre alguna de las sesiones. Hoy compartimos el de Andrea Valente sobre Economía Social de Mercado, uno de los mejores ensayos del tema.

ORDEN + LIBERTAD: PILARES PARA EL FORTALECIMIENTO DE LA ECONOMÍA VENEZOLANA

Con una perspectiva sistémica, la Economía Social de Mercado mantiene como centro de su esencia la premisa “orden + libertad”, en la que se reconoce y busca garantizar en todo momento la dignidad humana, a la par de que se mantiene un pluralismo político, es decir, un sistema de interrelación en el que la dignidad, la libertad individual, la responsabilidad, solidaridad, subsidiariedad, justicia social, paz social y sustentabilidad son bandera y figuran como principios de este modelo. Se apoya en lo que expone el ordoliberalismo y, aunque defiende que el Estado no debe intervenir en la actividad económica de forma extrema, sí reconoce que es importante una pequeña regulación en el mercado. Manteniendo un equilibrio entre la libertad de los ciudadanos para su participación activa en la economía y el orden que establece el Estado a través de la ley, concordando así, estas palabras, con las expresadas por Roberto Casanova.


La Economía Social de Mercado propicia un modelo que representa una ventana para superar un momento de crisis económica y social y se mantenga, posteriormente, una economía estable que sea prospera, a la par de que brinda la protección necesaria para sus ciudadanos. Una definición para este tipo de economía es: “una sociedad liberal abierta y democrática, que busca proteger la libertad de la economía y la competencia en funcionamiento, mientras de forma paralela fomenta la prosperidad y la seguridad social de los ciudadanos.” (Portafolio). Haciendo especial énfasis en que el control por parte del Estado debe estar enfocado en evitar el surgimiento de monopolios y orientarse hacia el desarrollo de las capacidades productivas, no debe ser excesivo y debe tener cuidado de no traspasar la línea e incurrir en prácticas autoritarias, alejadas del beneficio de los ciudadanos, así lo refiere Casanova.


Además de esta premisa básica que guía al modelo, se cimenta también en algunos principios que figuran como características vitales de la Economía Social de Mercado, entre ellos destaca la responsabilidad. Pues, si bien este modelo se avoca a la protección de los ciudadanos, no considera la garantía del bienestar como una función directa del Estado, sino más bien este debe propiciar las condiciones idóneas, como el acceso a la educación, para que el ciudadano pueda adquirir herramientas y así, por sus propios medios, sea parte de la dinámica de creación de riquezas. Comprendiendo entonces y de acuerdo con Casanova, que este modelo apuesta por la responsabilidad de las personas como clave en el funcionamiento de la sociedad.

Otros de los principios que dan vida a este modelo son la dignidad y la libertad individual, estando interrelacionadas entre sí y siendo, la primera, piedra angular de toda la Economía Social de Mercado y, la segunda, clave para el alcance de los objetivos de la misma, así lo suscribe Casanova. La palabra dignidad automáticamente se relaciona con uno de los valores más importantes de la actualidad, cuyo significado da origen a los derechos que hoy día ostentan las personas humanas que, por el simple hecho de serlo, merecen respeto. En cuanto al aspecto económico, también toma especial relevancia. Pues, la dignidad aspira a lograr el bien común, en el que se brinden oportunidades para el crecimiento y el desarrollo, estando en desacuerdo con la explotación de cualquier factor de producción.


Es precisamente la dignidad la que abre paso a la libertad individual, pues suscribiendo las palabras de Casanova, cuando se respeta la dignidad de las personas, necesariamente debe respetarse la libertad individual. Este concepto se refiere a la capacidad suficiente con la que cuenta cada individuo para desarrollarse en su cotidianidad y tener la capacidad de satisfacer sus necesidades básicas, mientras decide, de la mano de la responsabilidad, cuál es la ruta adecuada para hacerlo. Además. Este principio está estrechamente vinculado con la responsabilidad, pues en la misma medida que un ciudadano disfruta de su libertad individual, debe ser consciente de su responsabilidad para que todos los miembros de la sociedad gocen en la misma medida de sus derechos.


En el mismo sentido, otro de los pilares fundamentales de la Economía Social de Mercado y que engloba los tres principios antes expuestos, se encuentra la solidaridad. Esta es clave en el desarrollo de todo el modelo, pues no es posible aspirar a una sociedad responsable, que pregone de su dignidad y libertad sin que demuestre solidaridad a sus conciudadanos. Este principio no solo debe ser esperado del gobierno, pues resulta un rasgo principal de cada persona que, junto a la responsabilidad y libertad, busca dar paso a satisfacción de sus necesidades a la par que persiguen objetivos en común, primando siempre el bienestar social. Así lo expone Casanova.


Los principios antes mencionados claramente no son compatibles con la realidad venezolana, pues teniendo en mente que la Economía Social de Mercado, de acuerdo con Roberto Casanova, promueve y permite la función empresarial, respetando el derecho de propiedad y buscando mantener una competencia económica. Mientras que la estatización de empresas y el control de precios a productos de primera necesidad, que ha pregonado el gobierno desde hace varios lustros, no solo ignora este principio por completo, sino también deja de lado cualquier ápice de intento de protección a los ciudadanos. Pues no solo se olvida de la libertad que caracteriza a la Economía Social de Mercado, sino que también desencadenará en consecuencias que afectarán a cada ciudadano del país al momento de satisfacer sus necesidades básicas. Siendo conscientes de que eliminar la competencia acarrea un movimiento en los precios de los mismos. Venezuela es un claro ejemplo de irrespeto a la dignidad, libertad, responsabilidad y solidaridad.


Es preciso recordar que tanto la Economía Social de Mercado, como el ordoliberalismo tienden a un centro político, es decir, no confían en los extremos como camino para la prosperidad económica y protección social de un país. Teniendo esto en cuenta, al analizar el caso concreto de la situación venezolana, son muchas las propuestas que se han manifestado para una reestructuración, basadas, varias de ellas, en críticas al sistema actual y buscando alejarse lo más posible del mismo, apuntando al otro extremo. Sin embargo, a pesar de concordar en que la situación actual dista mucho de lo planteado en este modelo, debe mantenerse el enfoque en una nueva estructura económica que saque a flote al país y no simplemente desplazarse de un extremo a otro.


En Venezuela no solo debería perseguirse el acercamiento a una apertura económica, donde la industria nacional recobre vida a base de confianza y se mantenga un equilibrio con políticas que regulen las relaciones económicas con la mirada puesta en el bienestar social, sin olvidar que en la libertad de la persona humana es donde yace su capacidad para transformar su entorno en un mundo mejor. Partiendo entonces por una propuesta en donde los ciudadanos encuentren en las regulaciones estatales refugio y protección y no bloqueos e incertidumbre, un escenario donde se establezcan programas de apoyo a la sociedad y capacitación, fomentando la educación, para que puedan, en un futuro próximo, ser partícipes del proceso de creación de riquezas.