Política y Gobierno: Un modelo para  Venezuela desde la Philía Politiké y la idea  de amistad cívica Por Fabiola Miranda

Para cerrar cada módulo del programa Jóvenes Ciudadanos, los participantes realizan un ensayo sobre alguna de las sesiones. Hoy compartimos el de Fabiola Miranda sobre amistad cívica, uno de los mejores ensayos del tema.

Pensar la política y el futuro es una tarea sumamente ardua. Constituir un  modelo para el ejercicio de la política y del gobierno requiere, al menos, reconocer  cuáles son los principales elementos para saber sobre qué actuar, concebir a partir  de qué lentes observar, e identificar respecto a qué obrar. Resulta útil iniciar  definiendo el poder para esbozar una reflexión sobre un posible cambio en el modelo  de ejercicio de la política y del gobierno en Venezuela. 

El poder, en este mundo hiperconectado, es la «capacidad relacional que  permite a un actor social influir de forma asimétrica en las decisiones de otros  actores sociales de modo que se favorezcan la voluntad, los intereses y los valores  del actor que tiene poder» (Castells, 2013). Esto quiere decir que el poder es una  relación y no un atributo, con mayor grado de influencia de un actor sobre otro, y  puede ejercerse mediante la coacción (o posible coacción), o por medio de  significados discursivos. 

Si bien el poder es relacional, la dominación es institucional. En un planeta  atravesado en todas direcciones por autopistas de la información, con fronteras  desmanteladas como efecto de la globalización, donde impera el dominio del terror  similar al estado de naturaleza hobbesiano al que el mismo Estado busca contrastar  con orden y seguridad, en el cual los vínculos entre los individuos y las instituciones  son cada vez más difusos, la dominación institucionalizada por el Estado moderno  requiere aún más de la confianza de la sociedad. 

El poder ha sido desplazado a un espacio global políticamente incontrolable,  es extraterritorial. Según Bauman, la política se ha vuelto local, entendida como 

capacidad para decidir la dirección y el propósito de la acción frente a una ausencia  de control político y poderes cada vez más emancipados. El aumento en la carencia  de poder ha hecho que los ciudadanos le resten importancia a las instituciones  políticas existentes, que se ven cada vez menos capaces de responder a los  problemas del Estado nación. (Bauman, 2008) 

El Estado, específicamente el venezolano, ya no brinda las mismas  seguridades, se evidencia una gradual y sistemática supresión de los seguros  públicos que debería garantizar. En Venezuela, la desafección política va de la  mano con la necesidad de respuestas. Las funciones abandonadas por el Estado  están siendo asumidas por otros actores, como el mercado, o por instituciones  informales, lo que agudiza la disminución de la solidaridad social, y las comunidades  carecen de contenido.  

Frente a esta realidad, la noción de philía politiké o de amistad cívica, es una  herramienta que posibilita pensar un mundo común, compartido. Aristóteles, en este  sentido, realiza una vinculación entre amistad y justicia. “La amistad y lo justo tratan  de los mismos objetos y envuelven a las mismas personas”, lo que implica que “la  amistad está presente hasta el punto de que los hombres comparten algo en común,  pues tal es también el grado en que comparten la visión de lo que es justo”.  (Aristóteles, 2000) 

Este juicio compartido acerca de lo justo conforma el concepto de  “concordia”, representado bajo la idea de homonoia, que, en palabras del estagirita,  significa “amistad entre ciudadanos”, la cual ocurre en la esfera de lo público, de “lo  que es en el interés común y lo que es de importancia para la vida”. (Aristóteles,  2000) 

La philía politiké es una amistad sin intimidad ni proximidad; para Arendt, es  “una consideración hacia la persona desde la distancia que pone entre nosotros el  espacio del mundo, […], independiente de las cualidades que admiramos o de los  logros que estimemos grandemente” (Arendt, 1998), lo que hace posible “establecer

un nexo ineludible entre amistad y política, entre comunidad de amigos y comunidad  política”. (Muñoz Sánchez, 2009) 

La amistad cívica implica sensus communis o sentido común, entendido por  Arendt como un sexto sentido que, fungiendo como ordenador de los otros cinco,  apunta a la veracidad de lo que percibimos y es a partir del cual “adquirimos una  sensación de realidad”. (Muñoz Sánchez, 2009) 

En esta realidad, los venezolanos, seres que piensan, sienten, perciben y  padecen, tienen aspiraciones, intereses, demandas, expectativas y necesidades  cuya articulación atribuyen a las instituciones que administran lo público, en las  cuales no prima el concepto de amistad cívica.  

Las instituciones públicas no logran articularse a lo interno y sus procesos  estandarizados no responden al mayor número de personas en el menor tiempo  posible, todo lo contrario. Esas instituciones que son inherentes al Estado,  actualmente no son garantes de estabilidad en ninguno de sus sentidos, haciendo  que el obrar constitutivo del gobierno se vea mermado por la falta de legitimidad y  confianza por parte de la ciudadanía. El funcionamiento del gobierno y la  constitución de futuro en un espacio de pluralidad, es superado por la  discrecionalidad del ejercicio de agentes que actúan para sí mismos y no desde lo transitivo. 

Desde la óptica del republicanismo y en un marco democrático como  proyecto político para encaminar el futuro del país, es necesario refundar el espacio  público, la res publica, y recuperar la legitimidad de las instituciones, buscando un  equilibrio entre la autonomía de los individuos en condición de libertad, y la  necesidad de que se les garantice un orden por medio de la coerción. 

Considerando que la racionalidad parece estar ausente y que el momento  político venezolano está marcado indudablemente por el conflicto, la recuperación  del espacio público requiere reconocimiento de la pluralidad de las personas, de un  pensamiento crítico y de una refundación de las bases sobre las cuales se 

fundamentan la cultura y la inteligencia política venezolana. Esta no es solo tarea  del Estado o de actores que ejecuten distintas políticas para alcanzar tal fin, es tarea  de todos. Si cada quien hace lo que le corresponde, pensando en sí y en los otros,  eventualmente se evidenciará un cambio que desde lo micro incidirá en lo macro. 

Para Muñoz Sánchez, M. (2009) el sensus communis se relaciona con la idea  de «pensar poniéndose en el lugar del otro», tomada de Kant, lo que da lugar a  recuperar la validez de los juicios políticos, que refieren a diversos puntos de vista,  se presentan como un vehículo para la acción deliberativa y la convivencia  compartida, y donde «juzgar es juzgar con, y juzgar con es ser amigo. Juzgar bien  es lo principal de la política». (Beiner, 2003) 

En Venezuela, el juicio político ha sido desplazado por la cuestionable y  aparentemente corrupta administración de las cosas, y las acciones que se  emprenden son comúnmente solitarias, obviando la construcción de un espacio  público de convivencia y pluralidad para llevar a cabo una experiencia política con  sentido, con coraje, libertad y humanidad. 

Salvaguardar la libertad y el sentido de igualdad en la pluralidad parece no  congeniar con la Venezuela de hoy. Cualquier iniciativa para disipar el desconcierto  de los retos que plantea la crisis multidimensional venezolana, tiene que pasar por  la cooperación multisectorial, el diálogo y la deliberación sobre los asuntos que  atañen a todos. ¿Será necesaria una reconexión con las antiguas ideas de la  excelencia humana? Quizás el empoderamiento del Estado y una acción virtuosa  de cada venezolano, desde la amistad cívica, contribuiría con la búsqueda de las  certezas y de una coexistencia basada en el vivir bien, en un momento en que por  un lado los antiguos relatos dejaron de responder a la sociedad y no han surgido  unos nuevos para sustituirlos, y por otro lado no ha habido una constitución  sustentable de la convivencia, inmersa en el devenir de la realidad cambiante, con  una proyección a futuro.

Así, surge una interrogante, ¿cómo lograr la asunción de un cambio político  en un contexto marcado por la discrecionalidad, la degeneración del ejercicio del  poder, la ilegitimidad y el resquebrajamiento de las instituciones, donde los actores  parecen negarse a constituir comunicativamente el espacio compartido? Habría que  evaluar cuáles son los fines más adecuados para reencausar la República,  estableciendo marcos regulatorios que permitan el contrapeso y el balance en el  poder, en función de impulsar una ética correlativa que permita que la estabilidad  política sea perdurable y se recupere la confianza en los procesos políticos. 

Los mandatarios, elegidos por los ciudadanos, deben asumirse a sí mismos  como gobernantes, ejercer el poder con las personas y no sobre las personas, y  conscientemente actuar para constituir futuro. Por tanto, no hay que olvidar que  todos los que somos capaces de la acción y el discurso, somos capaces también  de iniciar algo nuevo y desde nuestra voluntad aportar valor y transformar lo que no  es justo por convicción. Trabajar desde lo individual para apostar por el bien común,  con homonoia y sensus communis, constituye no solo la condición necesaria para  mejorar nosotros mismos, sino también para mejorar el mundo circundante. 

Queda ver de qué manera el Estado se adaptará a las nuevas formas de  hacer política y cómo se reconstruye el vínculo entre los venezolanos y las  instituciones, en función de que la coexistencia pacífica sea efectivamente garante  de permanencia y estabilidad para recuperar la esperanza de un futuro en que no  se sobreviva, sino se dé el buen vivir. 

Referencias 

Arendt, H. (1998). La Condición Humana. Barcelona: Gedisa. Aristóteles. (2000). Ética Nicomáquea. Madrid: Gredos. 

Bauman, Z. (2008). Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbre. México: Tusquets. 

Beiner, R. (2003). Hannah Arendt y la facultad de juzgar. En Hannah Arendt.  Conferencias sobre la teoría política de Kant. México: Paidós. 

Castells, M. (2013). Comunicación y poder. Buenos Aires: Siglo XXI Editores. 

Muñoz Sánchez, M. (2009). Brevísimas reflexiones sobre la amistad cívica en un  mundo común. Revista Intercontinental de Psicología y Educación, 153- 157.